Las luces de la calle se juntaban en mi vista. Todo parecía muy difuso. Los fotogramas de mi visión se sucedían muy lentamente. Intentaba llegar a casa, después de un largo día, después de unos largos días. Miraba al suelo, intentando seguir de una forma recta los cuadrados de la acera, pues así me distraía hasta llegar a mi lejano destino. Como me suele pasar, mirando a un punto fijamente, la mente se me fue. Empecé a pensar en todo lo que te tenía que decir. Sabía que el resultado iba a ser negativo, pero también necesitaba decirte todo lo que sentía. Era necesario para seguir con mi día a día. Pude pensar unos segundos antes de parar a sacar el móvil. Los pensamientos y los sentimientos se entremezclaban en mi cabeza.
Por una parte pensaba que iba a hacer el ridículo, que ibas a pasar de mi, como habías hecho días atrás, cuando me recorrí media ciudad para hablar contigo.
DÍAS ATRÁS [Me habías hecho sentir fatal. Parecía un cero a la izquierda. Pero yo ya sabía a lo que iba. Yo sabía que para ti no significaba nada. Yo ya conocía tu opinión, y aún así caminé hasta donde estabas, porque lo haría una y mil veces si hiciera falta. Me perdí unas cuantas veces para encontrar el lugar. No me importaba realmente. A pesar de lo que me habías comentado, yo quería hablar contigo. Pienso que soy masoca, la verdad. Pero yo no le daba importancia a las palabras que pronunciaste ese día cuando me rechazaste por móvil. Quizás ya no quería conseguir nada contigo, quizás solo quería verte y saber que te estabas divirtiendo. Saber que seguías siendo tu la que me quitaba el sueño. A lo mejor con saber eso me bastaba. Te sorprendiste cuando supiste que estaba allí. Demasiada sorpresa en mi opinión, pues te había dicho que iría.
Nos saludamos rápidamente y me presentaste a dos amigas. Las besé aún más rápido que a ti, pues no quería perderme entre las ramas. Después fuimos a ver a más amigas, a las que no me presentaste. Solo tenía ojos para ti, quería hablar contigo, pero no te dabas cuenta. Yo permanecía apoyado en la parada del autobús mientras una decena de chicas adolescentes gritaban y comentaban cosas de chicos... Por unos instantes me pregunté qué pintaba yo allí. ¿Para qué había ido yo allí? Me sentía, como he dicho, un cero a la izquierda. Solo quería estar contigo cinco minutos y decirte todo lo que estaba a punto de explotar dentro de mi corazón.
Pronto llegaron más amigos tuyos. No me presentaste. No me importó. Y de repente llegó una de las personas que menos me esperaba encontrarme. No me sentó mal, solo me sorprendió. Ese chico de pelo negro y cara amable. Me transmitía buenas sensaciones, pero yo ya le conocía bastante. No quería recordar todo lo que estaba envuelto entorno a nosotros tres (tu, el chico y yo). Me pareció buen chico. Así pues, decidí borrar todo eso de mi mente y empezar con él como si no nos conociéramos.
Vi como cuchicheabas con el sobre mí. Me percaté, aunque tu querías esconderlo. Sabía lo que le decías, me lo imaginaba. Puede que estuviera equivocado pero, seguramente, le estabas comentando que había ido allí para estar contigo y que tu no querías nada conmigo. El me lanzó una mirada fulminante, con el único mensaje de "vete, déjala en paz".
Ya tenías que irte a cenar, yo no podía entrar a la carpa, pues no te avisé con tiempo. Pareció no importarte que me hubiera recorrido desde una punta a otra la ciudad para llegar allí y encontrarme con ese panorama. Me tuve que quedar fuera. Recuerdo que me despedí de ti de una forma muy seca. Estaba mal. No encontré otra manera de reaccionar. Si que recuerdo perfectamente lo que ocurrió al girarme para salir de allí. Junté mi mano con la tuya. Milésimas de segundo. Procedí a salir, mi mano se deslizó levemente sobre la tuya. Seguramente no te diste cuenta. Fue uno de los mejores recuerdos de esa noche. Se me quedó grabada la sensación.
Salí de allí con ganas de irme a casa. No quería estar con nadie. No quería hablar. Pero sabía que mi mejor amiga estaba ahí para lo que hiciera falta. Le llamé. Estuvimos hablando mientras volvia a casa. Ella intentaba convencerme que, seguramente, tú también querías hablar conmigo y que en realidad si que sentías algo por mi. Yo sabía que no. Pero pronto empezó a criticar que no me hicieras mucho caso después de ir hasta allí. Dijo: "Yo me habría emocionado". Yo pensaba que tu también lo harías. Pronto me derrumbé.
- ¿Estás llorando?- me preguntó preocupada.
Un silencio invadió la conversación. Tuve que sentarme en el lugar más cercano, casualmente la plaza más transitada de la ciudad. Todo esto se oponía a mi sentimiento de "anti-sociedad". Fue un silencio lleno de sensaciones. Me dijo que yo valía mucho, que no me sabías valorar, que no llorara porque soy genial. Creo que ella también lloró. Pero no escribo esto para contarte lo que mi amiga, a la que estoy muy agradecido por todo esto, hizo por mí.]Pero a mi no me importaba hacer el ridículo por ti. Estaba dispuesto a llevarme todos los golpes necesarios hasta tenerte entre mis brazos.
Saqué el móvil. Me quedaba 3% de batería. La iba a gastar en tu llamada. Necesitaba hacerlo. Te llamé. Me lo cogiste cuando la llamada ya agonizaba. Te empecé a avasallar con todos mis sentimientos. No pude decirte todo. Te dije que eres de lo mejor que me había pasado, que te necesito a mi lado, que te quería, que lo eras todo. Pronto me cortaste diciendo que mañana hablariamos, el miércoles. Yo insistí. Parecía que no fuera contigo lo que te estaba diciendo, que no te importaba. Con ese mensaje me quedé, con que no te importo, aunque eso ya lo sabía. Pero, ¿sabes qué? Que a pesar de todo, te quiero más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario