lunes, 24 de junio de 2013

La muerte

Hacía tiempo que no venía por aquí ¿eh? Pues la verdad es que había perdido la ilusión por seguir escribiendo pero varias personas me aconsejaron que no lo dejara, que lo hacía bastante bien. Me dijeron que les encantaba como lo hacía y que muchas cosas de las que había escrito les habían emocionado. Así pues, me dije: "No lo haré tan mal después de todo ¿no?" y aquí estoy otra vez. He estado pensando sobre qué escribir esta vez, y la verdad es que me he cansado de hablar de esta chica, una joven que ya no pinta nada en mi vida, porque ella no quiere. No pienso dedicarle más tiempo a ella.

¿No habéis sentido nunca rabia por no haber hecho algo en el pasado? Como si de esos programas de televisión en los que un "mago" te adivina el futuro, se tratara; yo ya sabía que su cuerpo abandonaría este vano mundo. "Gracioso" ¿verdad? Pensaréis: "Es obvio, todo el mundo se muere". 

Hacía semanas que se encontraba así. Como alguna otra vez, habían posibilidades de que se alejara de la fina linea que separa la existencia y "el mundo de la sombra". No obstante, yo ya sabía que esa vez iba a ser la última. ¿Por qué? 

Él y yo éramos somos mucho más que abuelo y nieto. Éramos Somos amigos, de esos que se cuentan todos sus problemas, de esos que tratan los temas que más les interesan. Cada uno con sus expectativas y sus ilusiones por delante - cabe decir que no muchas le quedaban a él. Y es que cada vez que estaba estoy cerca de él, siento como si estuviera obligado a sacar lo mejor de mi para hacerle feliz. Además, en los años que he empezado a tener uso de mi propia razón, las ganas de vivir se iban desvaneciendo con el paso del tiempo y lo peor es que yo me estaba dando cuenta. Cada vez que iba a visitarle salía cargado de negatividad, desesperación y tristeza. Lanzaba palabras dolorosas, como cuchillos afilados. 

- No me encuentro bien, no pinto nada aquí. Solo hago que molestar a la gente que me quiere. Soy un trasto viejo que nadie necesita. Solo como y duermo, no hago nada de provecho y encima mucho dinero de la familia se lo están gastando en mi. Solo causo preocupación y malestar a mi alrededor. Quiero morirme.
"Quiero morirme". Palabras más que repetidas hasta la saciedad por mi compañero. Palabras que agitaban mi corazón cada vez que las escuchaba. Cañones que agujereaban mi vida y la partían en dos. No conseguía comprender como una persona tan vital y feliz, con el paso del tiempo, se podía llenar de este tipo de pensamientos. Y es que la gente joven, sin darnos cuenta, estamos dejando de lado a los mayores, a esos que nos cambiaban los pañales cuando nuestros padres no podían, esos que nos cuidaban por la noche, o nos acompañaban al colegio por las mañana. Los que nos llevaban el avioncito a la boca, los que se enfadaban o los que nos hacían cosquillas para vernos reir. Y esto lo hacían porque querían vernos felices, necesitaban saber más de nosotros, esa juventud que solo estaba pendiente de los juegos, los amigos, las chicas (lógico por otra parte).

Y llega ese momento, ese momento que todo el mundo en esta vida debería vivir. Y lo debería vivir, no por el sentimiento de tristeza que provoca, sino por ese pensamiento que te viene a la cabeza en esos instantes: "No somos nadie", "Debemos hacer feliz a quien hay a nuestro alrededor" o "Voy a hacer lo que él siempre ha querido que haga". Estos pensamientos son los que hacen de un hombre, una persona.

Dejando a un lado todo esto, siempre hay que recordar que "la vida es así", que "tiene buenos y malos momentos" y que "nunca se pierde, se gana o se aprende".

A pesar de todo este entorno que rodea a la muerte, en cuanto a mi caso, no estoy totalmente triste. Él, por ahora, vive. Y lo mejor de todo, es que no está sufriendo. Ha vuelto a un estado de niñez que reduce cualquier preocupación a una simple sonrisa. Un estado en el que cualquier tontería hace de su vida -la que le queda- una genial existencia. Y no puedo resistir la emoción cuando llego a la habitación donde se encuentra y verle feliz, porque pocas veces lo he visto sonreir, y por eso, ahora estoy feliz.

Cuando se vaya, nada. Siempre lo tendré en mis recuerdos. Porque cuando una persona se va, los recuerdos permanecen, las miradas recuerdan, las sensaciones quedan guardadas en el alma para siempre.

Te quiero, yayo.

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