domingo, 3 de marzo de 2013

2 de Marzo de 2013 (II)

...La verdad, es que me preocupo demasiado por las amistades y demás relaciones... Y pocos de estos esfuerzos son de vuelta. Solo puedo destacar una de esas personas que muchas veces menciono, de esas que no se tienen muchas, de esas que son capaces de sacarte una sonrisa con solo una mirada, o con solo un "Hola".
Me desperté apresurado, lleno de nervios, había estado dos horas en la cama, me había dormido, pensando pensando se me había hecho la una del mediodía... y así se me habían escapado las escasas posibilidades de aprenderme algo de Literatura. Yo para los estudios soy demasiado exigente, puesto que esto añadió otro problema a mi larga lista negra que en esos momentos inundaba mi cabeza y mi alma. Mi hermana me avisó que teníamos que hacer diversas tareas de la casa, puesto que mis padres no estaban. Así que me puse a la tarea... Esto me ayudó a olvidar. ¿Quién me iba a decir que trabajar me ayudaría a olvidar el cumulo de "desgracias"?

Después de esto, empecé a tener hambre, por lo que le propuse a mi hermana, preparar la comida. Unos buenos macarrones ayudarían a superar todo esto - para quien no lo sepa, son mi comida favorita, junto con la pizza. Así pues, hicimos esta comida. Algo de ilusión se iba añadiendo a un día tan oscuro y gris como se presentaba... Viendo la televisión mientras comíamos, la serie de "Los serrano" me hizo pensar. La verdad es que esta serie siempre la había visto por diversión y entretenimiento, pero esta vez descubrí como detrás de cada comentario tiene un sentimiento detrás, y detrás de cada capítulo, un valor que enseñar. Este capítulo enseñaba el valor de la amistad por encima de todas las cosas, además del sentimiento de familia que siempre caracterizaba esta serie.

Después de comer empecé a estudiar. Que aburrido es estudiar Literatura, os lo puedo asegurar, al menos para mi. Es una mezcla de aburrimiento e indiferencia. Pero tengo que admitir que la Literatura puede enseñarnos mucho a las personas con nuestros problemas, puesto que podemos conocer la opinión de cada autor y aplicarla en nuestra vida diaria. Esta vez tocaba la narrativa noventayochista. Si lo habéis pasado os felicito, en cambio, quien tenga que llegar, lo siento por vosotros. De verdad, lo siento en el alma. Yo el lunes me lo quito de encima ya, por fin.

Llegaron las seis. No sabía que hacer, así que me puse en Tumblr. 
¡Bendita tecnología! La mayoría de los jóvenes le están agradecidos, ¿qué serían los trabajos sin la Wikipedia? ¿dónde podrían expresar todos sus sentimientos los jóvenes? ¿donde podrían evadirse de la vida monótona la gente joven? - se que pensaréis: en los libros, pero odio leer, así que dejaremos este tema para otro día.
Después de esto, sobre las siete y media - hay que ver como pasa el tiempo en el ordenador ¿eh? - me acordé del importantísimo derbi que disputaba mi queridísimo equipo, el Valencia CF, así que empecé a informarme de los jugadores que iban a disputar el partido...- me encanta el fútbol, si pudiera me vería todos los partidos de todas las ligas.
Solo para futboleros:"¡Vaya sorpresa! Mathieu jugará de central..." pensé. El jugador francés era lateral, de los rápidos. "¡¡¡Y Albelda!!!" susurré con ilusión. Albelda, ese gran futbolista que había marcado una época en mi equipo, lo era todo para el valencianismo. Cuando jugaba él, el equipo jugaba con garra y esfuerzo. En cambio, cuando no lo hacía, era como si jugaran solo por el dinero, cosa que me enfada mucho. Pensé que iba a ser un partidazo.
Otra vez ella, la persona que me había hecho sentir tan mal el día anterior, me estaba hablando por el Whatsapp. Por la mañana le había pedido perdón por haberle hecho perder el tiempo conmigo. "Tu también has perdido el tiempo, así que estamos iguales" respondió. Me hundió de lleno en el arroyo de barro en el que me encontraba metido. Fue como un puñetazo limpio a la mandíbula. A pesar de que yo no sentía haber perdido el tiempo, ya que la ilusión lo había cubierto todo como el rocío del amanecer cubre las verdes hojas de los árboles, o las sucias calles de la ciudad; ella me había abierto los ojos, yo estaba perdiendo el tiempo. Ella me había avisado días antes: "No te ilusiones mucho". Yo había pasado olímpicamente de su consejo, yo estaba encandilado con su sonrisa y su voz.

-¿Por qué seguimos hablando de esto? - dijo sin ningún miramiento hacia mis sentimientos.
-No se - le respondí con ánimo de alzar la conversación - Soy masoca - añadí.
-Pues para ya - escribió para que dejarla de molestarla, supongo.
-Vale.

Ese "para ya" me demostró que verdaderamente estaba perdiendo el tiempo, y por lo que parecía, también estaba perdiendo el norte. Por esto recordé una frase que había visto u oído en algún lugar:
"Da por el que de por tí" - Anónimo
Pasado ya el anochecer, llegó el momento de la ducha, donde yo solía pensar - al igual que mucha gente.
¿Por qué me hacía esto? Con lo que yo la había querido... Creía que me merecía una segunda oportunidad, aunque nunca debimos acabar así. 
Recordé otra vez la discusión con mi "ex-mejor" amigo. No entiendo porque lo había hecho, pero lo peor no fue contarlo. Lo peor fue mentirme diciendo que él no lo había hecho, cuando lo evidente era lo contrario. Estaba ofuscado. Recordé que me encontraba en la ducha y no podía ni debía gastar tanta agua. Cerré el grifo, literalmente, y me agaché a por el jabón. Me resbalé y caí al plato. Sin esperar un segundo, una lágrima cayo por mi mejilla derecha. Se mezclaba con las gotas de agua que se habían quedado sobre mi cara. Y pronto habían formado una gota mas grande que cayó por su propio peso a lo largo de mi cuerpo. Me intenté levantar. Lo intenté. Lo juro. Estuve diez segundos paralizado. Mi cuerpo no respondía a lo que me pasaba. Porque...¿qué me pasaba? Parecía que de repente todo me salía mal. Parecía que alguien me había hecho budoo. Algo que descarté pronto. Era poco probable. Simplemente sería el karma. Yo no había hecho nada malo para que todo esto me estuviera pasando a mi. Después de toda esta reflexión, en, como digo, alrededor de diez segundos, me propuse levantarme. Me quedé sentado, apoyado en la pared, con las piernas curvadas, apoyando mi cabeza sobre ellas, para recuperarme del golpe. Cogí el champú y empecé a tirármelo por la cabeza sin parar, como si eso fuera a limpiar todo esto que me pasaba, todos los sentimientos negativos, todas las ideas que invadían mis pensamientos. Quería borrarlo todo, hacer un "reset" y volver a la normalidad. Me levante. Miré el espejo del baño. Me vi reflejado, ese era yo. Mantuve la mirada con ese chico del espejo durante pocos segundos. Como si tuviera vergüenza de quien era. Como si huyera de lo que pensaba y de lo que estaba eligiendo - ignorar a mi amigo por lo que había hecho. "No", me dije. Esto no puede seguir así. Cogí el móvil y puse música. Green Day, en especial "Wake Me Up When Septemer Ends". Una canción, que, no por su letra, pero si por su armonía, me recordaba muchas cosas. Yo solía escuchar esta canción cuando estaba contento. Pocos días antes había descubierto su verdadero significado. Esto me hizo reproducirla mientras terminaba de enjabonarme.

Ahora más lágrimas caían por mi cara, pero no las notaba, el agua de la ducha también caía. Solo conseguía sentir la salida de estas desde mis ojos, luego les perdía la pista, como parecía que estaba perdiendo en mi vida. Estaba perdiendo la pista de quién realidad era. No se. Estaba muy confuso - los últimos días me cuestionaba quién era y si era quién yo quería ser. 

Terminé de enjuagarme y salí de la ducha apresuradamente. El frío que hacía conseguía helar mis crecientes dudas sobre mi mismo y sobre mis problemas. Me vestí rápido, mis tíos y hermana me esperaban para ir a ver el partido del Valencia. Finalmente, el partido terminó 2-2, en el último minuto nos empataron los "amigos" del Levante UD. Otro disgusto para mi y todo el valencianismo.

"Y es que uno no puede esperar a que los demás hagan por él. Él mismo tiene que valorarse y hacer que le respeten" - Pablo Plaza Moltó

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