Paulatinamente se iban acercando los recuerdos a mi cabeza a la vez que la música sonaba más y más enérgicamente. Recordé que la noche anterior había decidido dormir ahí porque la cama era mucho más ancha que la mía - siempre que dormía en la habitación de mis padres era por eso.
También me vino a la cabeza el infortunio de mi equipo la noche anterior. Habíamos empatado, en el último minuto los "granotas" habían hecho que perdiéramos dos puntos. Yo estaba totalmente indignado.
Se añadió la batería a la canción que estaba sonando desde mi móvil. Esto fue el golpe que me hizo despertar de repente. Tarareo la melodía levemente. Miro el espejo. Me había desecho el pelo. No importaba. No iba a salir de casa en todo el día. Esa era mi intención.
Me levanto. Me acerco a la cortina. Levanto la persiana y dos adorables pajarillos, apoyados en la barandilla del balcón, vivían su vida sin ninguna preocupación. Giraban la cabeza de un lado para otro, como si tuvieran la intención de encontrar algo raro entre la suciedad de la ciudad. Inesperadamente, el pájaro de la derecha echó a volar. El otro se quedó unos segundos sin saber que hacer, pero en poco tiempo también alzó sus alas para irse volando.
Me dije que hoy iba a ser un día feliz. Miré al cielo. Las nubes cubrían mayormente el cielo de Valencia. Se podía percibir, sin mirar abajo, la soledad de la ciudad un domingo por la mañana. Solo los más valientes eran capaces de salir a la calle. La cama invitaba a quedarse a dormir unas horitas más. Miré el colchón. Me dije: "No, Pablo". Tenía que evitar la tentación... El día anterior también me había dormido y esto me había alterado el plan de estudio. Así que hoy no tuve más remedio que negarme a estar cinco minutos más en la cama.
Me dije que tenía que olvidar todo lo que había ocurrido los días anteriores.
Me dije que todo iba a ser diferente. Que desde hoy todo iba a cambiar. No solo me lo dije, me lo propuse.
Me dije que iba a tratar a la gente como yo era para ellos.
Me dije que no me merecía todo lo que me estaba pasando.
Me dije que poca gente me respetaba.
Me dije que no debía estar mal por ellos. Que ellos no se merecen mis lágrimas.
Me dije que la vida me sonreiría a partir de ese momento.
Me dije que a partir de hoy, yo era otro, hoy era yo y nadie más.
Me dije que, solo por hoy, me iba a querer a mi. Ya habría tiempo de estar mal. Por eso...
Me dije que me iba a quedar en la cama. Y así lo hice. Hasta mañana.
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