Una tímida presencia hizo que me despertara. La sentía tan cerca... La oscuridad consiguió captar mi atención. Un tenue ruido lejano movió las cortinas de mi habitación. Una bella y rubia damisela estaba entrando en mi habitáculo. Tenía luz propia. Brillaba. Sus ojos, verde avellana, se distinguían perfectamente de su pálida tez. Sus labios, rosados a la par que carnosos, hacían presagiar su importante mensaje.
Vestía un largo traje blanco. Un camisón antiguo. Me miraba. Le miraba. Intentaba hablar sin palabras. Intentaba moverse estando quieta. Intentaba sonreir con su seriedad. Intentaba... ¿Qué intentaba? Yo no entendía nada.
Repentinamente giró la cabeza. Intentando evitarme consiguió elevar mi angustia y mi incertidumbre. Volvió otra vez la mirada hacia mi. Esta vez con la expresión un tanto cambiada. Empezó a sonreir. Se acercaba a paso lento. Junto con ella, su luz se iba haciendo mas brillante y realzaba su figura progresivamente.
De repente una luz blanca llenó mi visión y mi alma. Todo se volvió borroso. El fugaz rayo que parecía haber caído sobre mi me había hecho sentir muy extraño. La mezcla de felicidad y tristeza habían invadido mis sentimientos por momentos. Entendí en ese instante el mensaje de la bella mujercita aparecida por sorpresa en mi casa. Venía a decirme que en la vida hay que disfrutar de las pequeñas cosas. Que los amigos están ahí para cuando los necesitas. Que el amor es un sentimiento fugaz a la vez que intenso.
Pronto me despierto. El despertador suena rápidamente. Otra vez al colegio. Que pereza. Pero siempre la misma persona llega a mis pensamientos en el momento justo y necesario. Ella es la que me hace seguir. La que hace que todo sea más fácil.
Bueno. Tranquilo. Solo son las... 7:25. ¿Qué? ¿Las 7:25? Bueno, ahora y veintiséis. Llego tarde al colegio. Apresuradamente abro cajones, armarios y busco entre estantes la ropa adecuada. Pero, ¿cuál se supone que es la ropa adecuada? No importa... Vaqueros, camiseta y sudadera. Entro en el baño. Su aspecto desaliñado, más de lo normal, no causan sorpresa en mi. Me miro al espejo. Otro chico parecido a mi se asoma al otro lado. Se asea y se limpia los dientes. No se en lo que estará pensando. Yo pienso en la chica más bella del mundo. La que me invadió el sueño y a la que voy a ver otra vez cuando entre en el colegio.
Mi rapidez olvida la colonia. Imposible. Esencial para salir de casa. Cojo llaves, monedero y móvil. Me aligero a salir de mi casa. El ascensor está ocupado. ¿Pero qué pasa hoy? Se han puesto todos en contra de mi, lo sé. Pero no evitaréis que llegue tarde al colegio. No lo conseguiréis. Si hace falta voy corriendo o volando.
Al salir de casa muero. Muero. La infelicidad reinante de la sociedad que irrumpe las calles de cualquier ciudad española hace que cualquiera se contagie. Mi felicidad muere. Pronto la volveré a encontrar... Mañana tal vez.
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